Tres áreas de mejora de la educación (y 3): los padres

Los padres

Tampoco aquí su culpa es frontal. Ningún padre nace enseñado, e incluso la acusación más usual hoy, que los culpa de consentir demasiado a los chicos hasta el punto de maleducarlos y hacer de ellos unos irrespetuosos, tendría su explicación.

Lo inexcusable es la falta de dedicación, el desamparo, la dejadez. He visto niños llegando tarde “porque la mamá se ha dormido”; chavales que se tiran dos y tres horas en la escuela tras el fin de las clases, aburridos de hacer extraescolares; mochilas de excursión sin comida dentro, inscripciones que llegan con una semana de retraso, batas sin lavar y deberes sin hacer a edades donde el apoyo es indispensable. Y esas son anécdotas que no llegan al tuétano del problema. Hay profesores que tienen que pedir a los padres que jueguen cada día con su crío. Y he visto chavales llevar al cole cada dos o tres días -no exagero- un juguete distinto o unos cromos nuevos, pero que después, en casa, no tienen con quién jugar. No es por abrir otro tema, pero casi: la principal virtud del decrecimiento, el gran triunfo de trabajar más horas, pasa por poder dedicar más tiempo a los hijos.

Conclusiones

A lo que nos enfrentaremos en el futuro, me temo, es a un escenario de mediocridad. Los profesores no son héroes, o no pueden serlo cada día sin descanso; muchos padres andan ciegos y sin ninguna pista sobre dónde tienen el problema; los alumnos con necesidades especiales, o han pasado a ser un lastre por dejadez de la Administración o viven marginados en sus aulas; los adolescentes viven sin miedo a la repetición, que llega sólo en casos extremos; y ante los suspensos, o florece la indiferencia o baja la autoestima porque la superación de dificultades les llega por sorpresa a los quince años, demasiado tarde tanto para recuperar el conocimiento de base perdido como para afrontarlo emocionalmente.

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