Un Guantánamo en la Zona Franca

Un artículo que publiqué en El Mundo el pasado mes de mayo nos sirve para celebrar que por fin, tras muchas acciones civiles, la justicia empieza a preocuparse de un atentado a los derechos humanos que se produce ante nuestras narices.

Informes denuncian que el Centro de Internamiento para Extranjeros encarcela y maltrata inmigrantes que no han cometido ningún delito

 

En Barcelona existe una prisión para personas cuya mayor transgresión ha sido pasear o trabajar sin la documentación adecuada. Es el Centro de Internamiento para Extranjeros (CIE) de la Zona Franca, uno de los nueve que hay en el Estado y objeto de múltiples denuncias de maltrato y racismo desde su creación, en 2006.

Su existencia, prevista por la Ley de Extranjería, contempla una estancia máxima de 60 días en régimen de privación de libertad para los inmigrantes en situación irregular. “Se encarcela a personas por una falta administrativa”, reflexiona Imma Guixó, coordinadora de Amnistia Internacional (AI) de Catalunya, que señala las malas condiciones existentes.

Sin considerarlo como lo habitual en el centro, SOS Racisme ha documentado una media de 10 denuncias al año por torturas. Alba Cuevas, portavoz de la organización, detalla que todos los casos “tienen un contenido racista, con alusiones a los países de procedencia” de las víctimas.

El caso más grave en un CIE fue la muerte de Mohammed Abagui el 13 de mayo de 2010, hace justo un año. Entonces, los responsables del centro señalaron el suicidio como causa, pero rápidamente arreciaron los rumores de maltratos y desde la Federación de Asociaciones de Inmigrantes del Vallès (FAIV) pidieron una investigación denunciando que el CIE era el responsable de la integridad física de sus reclusos y debía responder de su muerte. Hugo Colache, presidente de FAIV, relata que la mañana siguiente de la muerte de Abagui fueron liberados todos los reclusos de las celdas contiguas. Es decir, “todos los testigos” de lo ocurrido fueron alejados del escenario de la desgracia. Finalmente, el caso quedó “en nada”, según Colache.

En julio del pasado año, 150 reclusos iniciaron una huelga de hambre en protesta por las condiciones que sufrían. Colache, que pudo entrar como familiar -las ONG’s y entidades no tienen acceso como tales- y ha conocido a personas detenidas allí, afirma que “los detenidos están peor que en la Modelo”. “A diferencia de una prisión” , abunda Cuevas, “en el CIE no hay ninguna tutela judicial”.

El proceso está manchado desde el origen. Guixó, de AI, denuncia que “muchas personas llegan tras controles de identidad callejeros, realizados en base a criterios raciales, algo totalmente discriminatorio” pero amparado explícitamente por el ministro del interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Una vez en el CIE, los detenidos acuden a entidades (y a abogados que los estafan, según Colache) y, cuando estos inician los trámites para su liberación, “suele acelerarse el proceso de expulsión”, según relatan desde SOS Racisme. Un ecuatoriano detenido, por ejemplo, fue extraditado horas después de habérsele negado poder firmar el contrato de trabajo que su esposa le llevaba. “Lo sorprendente”, afirma Colache, “es que echan a los trabajadores mientras gente con antecedentes penales no es extraditada”.

Tres áreas de mejora de la educación (2): la integración

La integración sin recursos

Sonaba genial como idea, pero ha chocado con la realidad. Actualmente hemos decidido integrar a los niños con necesidades especiales en las escuelas ordinarias para que tengan más facilidades para integrarse y para que sus compañeros aprendan a convivir con la diferencia. La premisa tenía pocas fisuras y mucho potencial para resultar en un éxito para todas las partes, pero se terminaron los recursos y fue lo primero que recortaron.

¿Qué queda ahora? Una rátio de un niño por clase que reclama atención individualizada con regularidad. Chavales ingobernables por algún trastorno serio de conducta que gritan sin aviso, se tiran por el suelo, se fugan de clase o agreden a sus compañeros; alumnos que no entienden el idioma durante los primeros meses de escolarización; niños con retrasos mentales muy acentuados a quienes incluso la repetición de curso se les queda grande; y superdotados muy por encima del nivel de lo que en el momento se da en el aula.

Y en medio, al magma de alumnos mal llamados “normales” les restan tiempo y atención a cada clase que pasa porque el profesor no puede multiplicarse y debe priorizar, por ejemplo, dejando la clase sola cuando un chaval con Asperger ha tenido una rabieta y se ha fugado del aula habiendo volcado un par de pupitres de propina. Si se repiten historias parecidas -que se repiten-, a la larga hay menos tiempo efectivo de clase y baja el nivel académico por mucho que eduquemos en otros valores, como la tolerancia.

Volviendo al primer punto, faltan recursos humanos, ya no para el control de la clase, que en muchos casos bastaría, sino también para la preparación de materiales con los que conseguir la cada vez más necesaria personalización de la enseñanza.

Tres áreas de mejora en educación (1): los profesores

Ayer terminó una etapa: tras un año y medio trabajando en una escuela de primaria, la abandono para dedicarme a otras historias, con lo que cierro una microetapa que ha incluido un curso de  seguimiento periodístico en la materia y se enmarca en toda una juventud acompañando niños como monitor. Me lo tomo como una oportunidad para dejar mi punto de vista sobre este apasionante mundo, no por ser un especialista en el campo, sino como observador. Habrá tres artículos, uno para el profesorado, otro para los padres y otro para el alumnado en situ

Los profesores

Es imposible generalizar y no quiero que se malinterprete este punto como un +1 a los injustos prejuicios que les atacan. Hay magníficos profesores que enseñan con pasión, que innovan en su metodología, que le echan horas a su trabajo, que se preocupan cuando el chaval funciona mal y que construye. Sucede que hoy no basta con estos héroes. No basta porque, en primer lugar, no llegan a todas las realidades que hoy se producen en una aula, convertida hoy en un laberíntico crisol de necesidades donde se juntan problemas emocionales de origen familiar, diferencias de capacidades y conocimiento brutales y un número cada vez mayor de chicos con trastornos de aprendizaje.

En esa selva, los métodos de ayer han fracasado casi por sistema, muchos alumnos quedan sin amparo cuando tienen dificultades y, a largo plazo, cuando los chavales llegan a cuarto, sexto, y secundaria, florecen lagunas de conocimiento inéditas hasta ahora: comprensión lectora por los suelos, tablas de multiplicar muy flojas, ortografía deficiente, etc.

Hay un margen para la mejora individuales que debe explorarse  con la evaluación a los docentes, pero sobre todo faltan profesores, especialmente en catalán, castellano, matemáticas e inglés, donde es urgente reforzar los grupos reducidos.