Historias de transnacionales: Monsanto (y 3)

 

Jean-Marie Robin no come vegetales que no provengan de cultivos biológicos. Periodista especializada en agroalimentación y azote de Monsanto, Rabin suele explicar que el herbicida Roundup, el más vendido del mundo y emblema de Monsanto, no es degradable y tiene efectos tan perniciosos como la promoción de tumores y la perturbación endocrinológica.

Según la película “El mundo según Monsanto“, aquellos ciudadanos que vivieron cerca de plantaciones tratadas con pesticidas y venenos de Monsanto tienen mayores riesgos de que tener Policloruro de Bifenil (PCB, una sustancia hoy prohibida por su carácter cancerígeno) en su sangre sea exponencialmente mayor al de los no expuestos, con el riesgo adjunto de sufrir enfermedades cutáneas y tumores malignos. Ahora el PCB está fuera de circulación en la mayor parte del mundo, pero durante años Monsanto supo que la sustancia era tóxica “pero no hasta qué punto”, como demuestra esta nota interna de 1955 distribuida por Combat-Monsanto en este estupendo artículo. En el mismo se demuestra que durante años Monsanto presionó para manipular los informes que investigaban el componente cancerígeno de su herbicida hasta su ilegalización.

El resultado, igual como sucedió entre los vietnamitas expuestos al gas naranja  -también fabricado por Monsanto-, se traduce en un mayor número de tumores y un menor coeficiente intelectual entre los niños cuyas madres tenían una elevada tasa de PCB en sangre. Robin denuncia también que han llegado a nacer bebés con residuos de dioxinas en sus células y este otro reportaje constata que el índice de malformaciones en los bebés subió en los territorios expuestos a la pulverización de los herbicidas de Monsanto en Paraguay.

Con todo, el herbicida no es el único agente de toxicidad de la firma norteamericana. Unos científicos franceses descubrieron que tres de las variedades de maíz transgénico de Monsanto producen cambios importantes en los valores sanguíneos de hígado, riñones y demás órganos encargados del filtro de deshechos, así como distorsiones en las funcione metabolizadoras.

Al final, para evitar estos abusos, nos queda nuestro consumo, la información y la protección de nuestros políticos. El dinero, por supuesto, juega en nuestra contra en los tres casos.

Historias de transnacionales: las semillas de Monsanto (2)

¿Por qué entonces seguimos teniendo transgénicos? ¿Por qué Monsanto sigue teniendo poder?

Primeramente, porque su herbicida es el más extendido porque mata todas las malas hierbas, lo que ahorra trabajo al agricultor, que en el pasado tenía que ser más detallista en la limpieza del campo. Como este fabuloso veneno también aniquilaría las plantaciones que no estuvieran preparadas para él, resulta más cómodo invertir en semillas Monsanto, las únicas que le son resistentes. Por cierto, el herbicida en cuestión, el Roundup, supone el 30% de la facturación de Monsanto.

En segundo lugar, por un monopolio agresivo de sus productos. Monsanto  presionó para institucionalizar las patentes de las semillas, lo que consiguió en 1992, y actualmente prohibe a sus agricultores guardar sus semillas de año en año, lo que siempre había sido constumbre en el campo, o compartirlas o venderlas a otros profesionales, por lo que obliga a los campesinos a comprarlas año tras año a un precio, además, hinchado exponencialmente por el pago de derechos de uso.

¿Cómo lo consigue? Espiando a los agricultores, sea colándose en sus plantaciones, sea desde helicópteros, y, sobre todo, redactando leyes específicas para sus semillas. En Estados Unidos los granjeros no pueden recoger las semillas y guardarlas hasta el siguiente año, porque si les pillan haciéndolo, serán castigados como delincuentes. En la India, donde el precio de la semilla de algodón se multiplicó por mil (¡mil!) cada año se suicidan* miles de agricultores ahogados por las condiciones que les impone Monsanto ( y que retrata este comic) bebiéndose los pesticidas de la compañía.

Y digámoslo todo. Monsanto tiene un aparato propagandístico y judicial agresivo y poderosísimo. La empresa ha llegado a denunciar a empresas lecheras que se anunciaban como libres de los productos hormonados de Monsanto. Y también ha sido numerosas veces denunciada y condenada por publicidad engañosa: ha dicho, y la justicia demostró que mintiendo, que sus productos químicos eran biodegradables y no contaminantes.

Finalmente, por una cuestión de infiltración en el poder: la película adjunta  en el artículo anterior arriba demuestra los frecuentes intercambios que se producen entre esta empresa y el gobierno de los Estados Unidos, inventariados en el segundo punto de este escrito. Igualmente, Monsanto ha sido condenada en distintas ocasiones por haber sobornado a funcionarios de países  como la Índia o Indonesia.

En España, por su parte, Wikileaks ya evidenció una connivencia entre Estados Unidos y el Gobierno de Zapatero para imponer los transgénicos pese a la oposición de la Comisión -de hecho Marie-Monique Robin, especialista en la materia, investiga la relación entre cuatro de los miembros del gobierno socialista con la empresa- .

Ante todo ello, el puñado de adversarios a la compañía se reduce a la Unión Europea, donde sólo España cultiva transgénicos, los campesinos agrupados y los científicos y periodistas independientes.

El próximo jueves, las consecuencias sociales y para la salud de las semillas de Monsanto.

Imagen: Todos somos geek.

*Vale mucho la pena leer la historia de este enlace para calibrar las dimensiones del problema.

Historias de transnacionales: Monsanto (1)

Robert Saphiro se considera a sí mismo Steve Jobs.

Resulta que Saphiro quiere mejorar el mundo con la tecnología. A nuestro hombre, un tipo con consciencia social, le preocupa que, ante tanto aumento de la población, no haya suficiente alimento para todo el mundo. Y por ello siempre cuenta a quienes quieren escucharle que su objetivo es conseguir la fórmula para producir todo el alimento que puedan necesitar las mesas del planeta.

¿Cómo? Mediante el conocimiento. Porque Robert Saphiro es el CEO de una de las mayores empresas de biotecnología del mundo: Monsanto.

Monsanto, a algunos les sonará, es la mayor productora mundial de transgénicos, que son los alimentos nacidos de semillas genéticamente modificadas, de los que esta empresa posee el 90% de cultivos. Y las semillas transgénicas, explican desde Monsanto, tienen dos ventajas: la resistencia a insectos plaga y la tolerancia al principal herbicida usado en los campos. Este herbicida, vale la pena conocerlo, se llama Roundup y se apellida, casualidades,  Monsanto.

Sí: Monsanto vende semillas y también se dedica a la química. En sus inicios, allá por 1910, aprovisionó cafeína a Coca-Cola. En los años 40 contribuyó a la fabricación de la bomba atómica. Durante los 60 suministró componentes para fabricar al Agente Naranja que deforestó Vietnam. Y en los 80, vendió un componente llamado aspartame bajo el nombre de Nutrasweet, un producto comprado a la empresa Searle del que numerosos estudios acreditaron que podía inducir a tumores cerebrales. Por aquel entonces, Donald Rumsfeld era el presidente de la compañía Searle.

En paralelo a todos estos hitos, Monsanto acumuló con regularidad denuncias de trabajadores, científicos y consumidores por intoxicación y protagonizó el mayor accidente químico de Norteamérica en 1947, cuando explotó un muelle, ardieron los residuos de plásticos de una fábrica de Monsanto y murieron medio millar trabajadores.

Pero más allá de los antecedentes en el mercado de los químicos, las buenas intenciones de Saphiro en el sector agrícola contrastan con los datos.

Ningún estudio independiente en los últimos 13 años ha logrado demostrar que las semillas modificadas genéticamente reportan los beneficios prometidos en materia de productividad (Le Monde Diplomatique en español, número 162) y, en cambio, se han documentado abundantes impactos medioambientales, como la contaminación del suelo, los aqüíferos y las plantaciones adyacentes, y serias amenazas para la salud de los consumidores.

El mundo según Monsanto (1 hora 50 min), un documental sobre las prácticas de la empresa y sus contactos con la política

Austria, Alemania y Francia, por ejemplo, han decidido prohibir los transgénicos y sus universidades han publicado estudios que demuestran que el maíz de Monsanto intoxica los riñones y el hígado y daña la fertilidad de las ratas del laboratorio. A pesar de las evidencias, la Comunidad Europea concedió licencias para su consumo humano y animal y en España hay el 75% del maíz transgénico europeo.

Lo único en lo que todo el mundo está de acuerdo es que cada vez se deben usar más productos químicos para el campo.

El próximo jueves: ¿Por qué seguimos teniendo transgénicos? ¿Por qué a Monsanto se le permite? 

Fuentes de las imágenes: la primera y la segunda.