Lo malo ante lo justo

“Todavía no ha llegado el momento de preferir lo que es bueno a lo que es justo… Durante cien años deberemos fingir… que justo es malo y que malo es justo: porqué lo que es malo es útil y lo que es justo no lo es.  La avaríaic, la codícia y la cautela serán nuestros dioses durante un poco más, ya que sólo éstas nos pueden sacar del túnel de la necesidad y llevarnos a la luz del día”

 

John Maynard Keynes, Economic possibilities for our grand children, 1930

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¿De dónde viene la mayoría absoluta?

Elecciones 20N: Así quedaría el Parlamento si todos los votos valieron lo mismo

En análisis de los resultados del 20N tiene pocos misterios después de la aplastante victoria del PP, pero sí un interés: saber como ha conseguido el 53% de los escaños con un 44% de los votos. El aumento de votos del PP respecto al 2008 es cercano al medio millón pero no explica por sí sola la mayoría absoluta. De hecho, en el 2008 el PSOE obtuvo 460.000 votos más que el PP ayer y prácticamente el mismo porcentaje, y sin embargo se quedó con 17 escaños menos.

En primer lugar, queda claro, la razón está en la bajada del PSOE. Pero justo detrás hay que hablar de la distribución, o más bien “centrifugación” de los votos que perdieron los socialistas. Y eso tiene mucho que ver con lo comentado la semana pasada.

Año Participación PP PSOE
1993 76’44 8201463 9150083
1996 77’38 9716006 9425678
2000 68’71 10321178* 7918752
2004 75’66 9763144 11026163
2008 73’85 10278010 11289335
2011 71’69 10830693* 6973880

Resultados de elecciones generales. En amarillo el ganador. Con asterisco las mayorias absolutas.

En el gráfico que abre el post vemos el precio del escaño para cada partido, dato eufemístico que en realidad nos hace intuir cuántos votos de los partidos menores no llegan a computar jamás. Así, cabe imaginar tres posibles destinos de los 4.315.455 votantes socialistas del 2008 que no repitieron ayer:

  1. La abstención, el voto en blanco y nulo, mayores que hace tres años y que sumados subieron un 3% respecto al 2008.
  2. El PP. Parece inverosímil vistos los desencuentros que han mostrado en el escaparate, pero explicable en la trastienda. Puestos a castigar al PSOE, en la mayoría de provincias no hay otra alternativa para sacar escaño y muchos habrán optado por el voto útil. Y si se trata de estar de acuerdo con lo que dictan los mercados y Merkozy, mejor los recortes con copyright -teoría también aplicable a CiU- antes que la incoherencia de la izquierda.
  3. Los partidos pequeños: IU aumenta sus votos (1’68 millones por 0’97 hace tres años), UPyD casi los cuatriplica (1’14 frente a 0’3) y sumados a Equo (250.000) y demás alternativas superan los dos millones de votos nuevos. Como ya sabemos, estas alternativas tienen muy complicado conseguir convertir sus votos en escaños, por lo que en la práctica, pese a sus subidas, terminaron dándole un mayor peso relativo al PP.

Siendo éstas sólo hipótesis, quedaría confirmarlas o refutarlas con encuestas a los electores con recuerdo de voto. De todas formas, dos conclusiones generales: una, el sistema bipartidista es hoy un sistema de partido y medio; y dos, el resultado es más un castigo al socialismo que baja por primera vez del 33% del voto, que un  premio al PP, de quien apenas se conocieron propuestas concretas y que, a cambio, filtró una imagen de rigor y seriedad que convencieron.

¿Por qué España es bipartidista?

La crónica reciente de las elecciones generales en España es la historia de la consolidación de un bipartidismo. Es el relato de la predominancia aplastante de dos formaciones, el PSOE y el PP, que se muestran a sí mismas como la única alternativa de gobierno posible cuando el partido en el poder desagrada.

A una semana de las elecciones, por ejemplo, las intenciones de voto y la atención mediática se centran en los movimientos de los dos principales partidos, los dos únicos que tienen oportunidad de gobernar, pero ¿son estos partidos un fiel reflejo de las preferencias del país o por el contrario su predominancia se debe a otros factores?

Pues más de lo segundo que de lo primero.

La opinión de los españoles

Según el último macrosondeo del Centro de Estudios Sociológicos (CIS), un 76’5% de los electores votarán por el PSOE o el PP el próximo domingo. Sin embargo, según otras preguntas preliminares, y pese al 46’6% de intención de voto al PP, otro 49% opina que el PP ha hecho una actuación mala o muy mala en la oposición y un 65’5% cree que habría actuado igual o peor que el PSOE de haber estado en el gobierno. No hace falta decir que la opinión del electorado español sobre el papel socialista en el Ejecutivo es deplorable: un 63’3% la tildan de mala o muy mala.

Estos datos, sobre una base de más de 17.000 entrevistas en todo el Estado, constatan que el voto no refleja con demasiada fidelidad las preferencias de los votantes. ¿A qué se debe pues el dominio de los dos grandes partidos?

Archivo:Escaños congreso de España 1977-2008.png

El sistema y sus consecuencias

Queda claro que el sistema favorece a las mayorías, pero la sabiduría convencional reza que todos los votos cuentan y que no hay sufragios inútiles. La realidad es que eso no es del todo cierto.

Hace cuatro años, por ejemplo, el PSOE y el PP sumaron un porcentaje de escaños más elevado que el porcentaje de votos que habían conseguido. De 44 y 40% de votos respectivamente pasaron a 48 y 44% de escaños. Por el contrario, el resto de los partidos, a excepción del PNV y Nafarroa, que recibieron una pequeña ventaja que no llegó al punto percentual, fueron perjudicados en el tránsito de votos a escaños. ¿Por qué sucedió?

Por dos razones: a) las circunscripciones son pequeñas y b) la fórmula electoral no es proporcional.

Las circunscripciones son pequeñas

A pesar de que el debate se ha focalizado en el distinto peso de un voto dependiendo de la provincia donde vivamos, la mayor distorsión de nuestro sistema electoral es la “pérdida” de votos que ocasiona tener circunscripciones tan pequeñas. Así, el 52% de las provincias tienen entre 1 y 5 escaños, lo que a la fuerza discrimina la entrada de las alternativas políticas minoritarias.

Si en una circunscripción hay 3 o 4 escaños, por ejemplo, difícilmente tendrán cabida terceros partidos, más aún si se rigen por el sistema d’Hondt.

La fórmula elitista

La Ley d’Hont favorece a las dos primeras opciones. Está diseñada para ello y la evidencia empírica lo demuestra. Y en sí mismo ello no es perjudicial: favorece la creación de mayorías, lo que facilita la gobernabilidad -lo cual, dado el conflictivo historial político español, fue algo buscado en su momento-.

Lo que sucede es que estos beneficios se producen a costa de la marginación de las opciones minoritarias.

Así, el primer efecto del sistema es que muchos votos de circunscripciones pequeñas a partidos minoritarios pasan a no valer nada durante el recuento, ya que no tienen conversión en escaños.

Y seguidamente, a medio o largo plazo, esos electores que han visto una o repetidas veces que su voto no produce diputados, sufren el llamado efecto psicológico, o sea, el cambio de voto hacia opciones con más posibilidades de sacar escaño (el llamado “voto útil”) por mucho que no reflejen sus preferencias.

Las soluciones: como siempre, en los comentarios