Historias de transnacionales: Monsanto (1)

Robert Saphiro se considera a sí mismo Steve Jobs.

Resulta que Saphiro quiere mejorar el mundo con la tecnología. A nuestro hombre, un tipo con consciencia social, le preocupa que, ante tanto aumento de la población, no haya suficiente alimento para todo el mundo. Y por ello siempre cuenta a quienes quieren escucharle que su objetivo es conseguir la fórmula para producir todo el alimento que puedan necesitar las mesas del planeta.

¿Cómo? Mediante el conocimiento. Porque Robert Saphiro es el CEO de una de las mayores empresas de biotecnología del mundo: Monsanto.

Monsanto, a algunos les sonará, es la mayor productora mundial de transgénicos, que son los alimentos nacidos de semillas genéticamente modificadas, de los que esta empresa posee el 90% de cultivos. Y las semillas transgénicas, explican desde Monsanto, tienen dos ventajas: la resistencia a insectos plaga y la tolerancia al principal herbicida usado en los campos. Este herbicida, vale la pena conocerlo, se llama Roundup y se apellida, casualidades,  Monsanto.

Sí: Monsanto vende semillas y también se dedica a la química. En sus inicios, allá por 1910, aprovisionó cafeína a Coca-Cola. En los años 40 contribuyó a la fabricación de la bomba atómica. Durante los 60 suministró componentes para fabricar al Agente Naranja que deforestó Vietnam. Y en los 80, vendió un componente llamado aspartame bajo el nombre de Nutrasweet, un producto comprado a la empresa Searle del que numerosos estudios acreditaron que podía inducir a tumores cerebrales. Por aquel entonces, Donald Rumsfeld era el presidente de la compañía Searle.

En paralelo a todos estos hitos, Monsanto acumuló con regularidad denuncias de trabajadores, científicos y consumidores por intoxicación y protagonizó el mayor accidente químico de Norteamérica en 1947, cuando explotó un muelle, ardieron los residuos de plásticos de una fábrica de Monsanto y murieron medio millar trabajadores.

Pero más allá de los antecedentes en el mercado de los químicos, las buenas intenciones de Saphiro en el sector agrícola contrastan con los datos.

Ningún estudio independiente en los últimos 13 años ha logrado demostrar que las semillas modificadas genéticamente reportan los beneficios prometidos en materia de productividad (Le Monde Diplomatique en español, número 162) y, en cambio, se han documentado abundantes impactos medioambientales, como la contaminación del suelo, los aqüíferos y las plantaciones adyacentes, y serias amenazas para la salud de los consumidores.

El mundo según Monsanto (1 hora 50 min), un documental sobre las prácticas de la empresa y sus contactos con la política

Austria, Alemania y Francia, por ejemplo, han decidido prohibir los transgénicos y sus universidades han publicado estudios que demuestran que el maíz de Monsanto intoxica los riñones y el hígado y daña la fertilidad de las ratas del laboratorio. A pesar de las evidencias, la Comunidad Europea concedió licencias para su consumo humano y animal y en España hay el 75% del maíz transgénico europeo.

Lo único en lo que todo el mundo está de acuerdo es que cada vez se deben usar más productos químicos para el campo.

El próximo jueves: ¿Por qué seguimos teniendo transgénicos? ¿Por qué a Monsanto se le permite? 

Fuentes de las imágenes: la primera y la segunda.


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9 comentarios

  1. Ferran Durán Lerín

     /  17 noviembre, 2011

    Aquest article m’ha agradat molt més, digne del millor diari 😉

    La realitat és que el menjar s’ha convertit en una indústria més, on la productivitat és molt més important que la qualitat.

    I l’abundància que tenim aquí és el reflexe de l’escassetat d’aliments a altres països.

    Solucions? cooperació internacional i impulsar les explotacions agrícoles més petites.

    Com pots veure estem d’acord en algunes coses també =)

    Responder
  2. Gon

     /  17 noviembre, 2011

    Crec que la meva opinió en aquest tema no aporta res de nou, penso que només cal conscienciar.

    Fent el curiós pel web de l’Esther Vivas, que tu linques a la dreta, hi vaig trobar força informació del tema sobirania alimentària i més. Recomano que veieu qualsevol de les entrevistes o videos que té penjats.

    També he recordat haver llegit una “Contra” (excel·lent, com sempre) sobre el tema que us passo aquí: http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/2009/02/20/pagina-64/76837010/pdf.html?search=monsanto

    Pels mandrosos com jo, el docu en castellà: http://www.youtube.com/watch?v=LdIkq6ecQGw

    Salut

    GON

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  3. Germ Benet

     /  17 noviembre, 2011

    Joder falta que aquesta empresa fes gas Zyklon B per les camares d’extermini nazi!!! En fi, jo crec que ja fan el que diuen… si no es possible alimentar 6.000.0000 de persones, fem que el seu numero decreixi utilitzant els transgenics i així tindrem X milions a les que si alimentarem. Es maquiabèl·licament senzill (valgame la paradoja), si Mahoma no va a la montanya…
    Una de les solucions que proposa l’arquitectura es la creació de terrats cultivables, la cinquena façana se li diu, ja que a mes de guanyar l’edifici en inercia termica, es pot facilitar l’horticultura. Utilitzacions d’espais destinats a ser buits.
    OJO! que amb la patacada economica que se’ns ve a sobre, no tinguem que començar a aixecar parterres de gespa i cultivar patates!!

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  4. @Ferran

    El sagnant és que no hi ha les proves d’aquesta productivitat diferencial. Imagina que hi hagués proves tan evidents que l’energia nuclear 1) contamina i 2) no és gaire més productiva que les energies verdes. Escàndol! I sense cap mena de consens sobre cap dels dos temes, el de les nuclears ja és un debat que s’endú molt més interès. Rere els transgènics hi ha quelcom més que un conflicte entre qualitat i productivitat.

    Dit això, gràcies per l’elogi però t’adverteixo que demà tindrem bronca 😉

    @Gon

    L’Ester Vivas és qui sap més a Espanya sobre sobirania alimentària. Una imprescindible de l’altermundisme. Una altra cosa és que ens resulti útil per buscar alternatives locals i concretes.

    @Germ

    Epa, que jo no he dit que Monsanto assassini gent amb el que conrea… tot i que al reportatge surten les conseqüències en la salut de les produccions d’aquesta gent. Tela.

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  5. fbdani

     /  17 noviembre, 2011

    Bonito tema,
    Una de las posibles soluciones, planteo, sería generar cooperativas locales mayores y potentes que las que hay hoy en día. El sistema funciona en muchos sitios, y es lo que podemos hacer desde lo local para cambiar el global. Si yo como consumidor premio a la coperativa de agricultores que respetan los ritmos de la naturaleza, compro productos de temporada y baso mi alimentación en un modelo sostenible (sea lo que sea exactamente esto, tendré que ver qué dice Vivas al respecto), lo demás queda fuera de mis manos.
    Eso sí, las empresas gigantes pueden competir en precios con las pequeñas explotaciones locales casi siempre.
    En Barcelona y gran parte de España, por minoritario, los productos locales y “ECO”, son normalmente sinónimo de “chic”, lo cual sube su precio. Ese ha sido el precio a pagar por un sector como el de la alta cocina, tan potente en nuestro país. Pero lo lógico sería, muchísimo más lógico que el modelo actual, que comprar fruta de la comarca de al lado sea mucho más barato que comprar la que viene de otros países… Pero visto lo visto, no funciona así ahora, y a todos nos está saliendo más barato en los bolsillos pero más caro en el aire que respiramos y los nutrientes que comemos, comprar frutas que han crecido en países en que no hemos estado.

    Como siempre, al final se trata de precios. Si el transgénico cultivado en países pobres y transportado en contenedores es más barato en el mercado que el producto local, no hay tutía.
    España debería adoptar también la medida que los países “de la zona fuerte del Euro”, y con eso reactivaría muchísimo el campo español. Pero no sé yo si las ideas del Shopash van por ahí, como nunca dice nada…

    Responder
  6. Buena solución. Lo mismo se puede decir de los Km 0, creo que se llaman, que a los criterios ecológicos suman proximidad, por lo que hay un ahorro de contaminación en el transporte.

    Y lo que apuntas en el último fragmento es interesantísimo. En economía se llama externalidad a los fenómenos como el que apuntas: un coste social derivado de una actividad económica. en este caso, la contaminación tanto de transporte como de los transgénicos. Pues esto se puede internalizar. ¿Cómo? Penalizando con impuestos aquello que se demuestre que contamina. Así se encarecerá el producto final y el consumidor tendrá menos motivos para comprarlo.

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    • fbdani

       /  18 noviembre, 2011

      Si es que al final sólo se trata de tener voluntad política para hacer una cosa y no la otra. Regular para unos objetivos, o regular para otros… Pero hay que regular las cosas, este libre albedrío en que se ha convertido el capitalismo ya no vale para nada, se ha inmolado. Hay demasiadas nuevas formas de crimen y estafa contra las que hay que luchar desde los gobiernos.

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  7. Aina Autonell Ferrer

     /  18 noviembre, 2011

    Els que estem relacionats amb SED coneixem bé aquesta empresa; al Paraguai Monsantos està arrasant tant des d’un punt de vista mediambiental com des del punt de vista social.

    Us recomano el documental d’En Portada La guerra de la soja:

    http://www.rtve.es/alacarta/videos/en-portada/portada-guerra-soja/396881/

    Responder
  1. Historias de transnacionales: de dónde procede lo que comemos?

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