El cambio climático según los hijos de la Tierra

Aplazamos el compromiso de terminar la serie de Monsanto para dar voz a los indígenas, los mayores conocedores de la tierra y la naturaleza, en la semana del planeta.

La ONG dedicada a ellos, Survival, ofrece un compendio de los gritos de alerta que los aborígenes de todo el mundo dan desde hace tiempo. Nadie mejor que ellos, cuyo contacto con la naturaleza les da alimento, vivienda, ocio y sabiduría, para pulsar la salud de la Tierra.

Los inuit del Ártico, por ejemplo, van a tener que desplazarse de la costa que se funde, muchos de ellos ya han caído en las aguas nórdicas por alguna rotura del hielo y su sustento cada vez es más complicado porque apenas pueden cazar y pescar con seguridad.

En el Amazonas, los yanomami han comprobado que las lluvias han cambiado su patrón por causa de la deforestación en sus tierras, que ahora crían soja o aceite de palma para la importación.

En la búsqueda de soluciones energéticas “sostenibles”, en el Chaco, los guaraníes de Brasil, Bolívia y Paraguay han sido expulsados de sus hogares para implantar en ellos cultivos de agrocombustibles. El liderazgo en este sector le proporcionará mucha riqueza a Brasil, pero el precio a pagar será la contaminación de los ríos adyacentes y la expulsión de las comunidades originarias que antes poblaban el Mato Grosso y ahora se hacinan en los bordes de las carreteras en situaciones de mendicidad y con altos índices de alcoholismo y suicidios juveniles tras verse desprovistos de sus medios de subsistencia tradicionales.

En Siberia y Escandinavia, sus pastores de renos saami han dejado de poder prever el tiempo y han visto como ello alteraba los hábitos de los renos, base de su economía y cultura. Las bestias no pueden cruzar los ríos antiguamente helados porque ahora los pasos no son seguros.

Curioso que quienes menor huella ecológica tienen, quienes más han respetado y querido la Tierra, terminen siendo los primeros afectados por el cambio climático.

Finalmente, un dato que nos regala nuestro amigo Xavier Aldekoa, corresponsal de La Vanguardia en África: “De 1970 a 2008, el 95% de las muertes por desastres naturales han ocurrido en países pobres. No sólo es el clima”.

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¿Cuánta comida tiramos?

No es que no haya magia, es que es un insulto. El argumento de que hay quien muere de hambre para que los niños no se dejen la comida en el plato, digo. Claro que lo que yo tire no va a llegar a sus platos, solo que ofende.

Según la FAO, tiramos un tercio de lo que producimos en el mundo; la mitad de lo que producimos, si reducimos el muestreo a Europa, y lo hacemos a todos los niveles: producción, indústria, tiendas, hostelería y hogares. De hecho, una tercera parte de lo que tiramos en Europa está aun envasado. Preguntémonos también cómo logran colocar los buffets, panaderías o bares de tapas todos los alimentos que surten sus barras y escaparates y nos daremos cuenta de la desproporción que llega a existir entre lo consumido y lo ofrecido y de lo cruel que es que te digan que es algo buscado e incluso rentable.

Igualmente, en el inicio del proceso de producción de alimentos se desecha entre el 20 y el 40% de las frutas y verduras porque los productores consideran que no se van a vender a causa de su apariencia (ver la Contra que le hicieron a Tristan Stuart).

Por si no había suficiente, una comparativa pare terminar: con lo tirado cada año en Gran Bretaña y Estados Unidos se podría a alimentar a los 1.000 millones de personas que pasan hambre en el mundo (el Programa de Acción sobre Residuos y Recursos estima que en la basura de los hogares británicos hay 484 millones de yogures sin abrir y 2.600 rebanadas de pan). No basta con campañas como la del Bnc d’Aliments.

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¿Tenemos la política que merecemos?

Ayer mismo, colas de hasta quilómetros de personas se acumulaban en las puertas de los colegios electorales de El Cairo en lo que todos los cronistas han definido como una “participación masiva” a las elecciones. En Europa, España y Catalunya ya conocemos las tendencias de participación electoral, y si se trata de comparar la participación no electoral, el símil con las concentraciones prodemocráticas de Tahrir desalienta el paralelismo, ya no por número (El Cairo tiene el tamaño de tres Barcelonas) sino por frecuencia e intensidad.

Habrá quien le busque la explicación en factores socioeconómicos, y tendrá una parte de razón; el egipcio que sale a la calle sin temor a la violencia tiene poquísimo que perder y prefiere ese sucedáneo de democracia que ha seguido a la caída de Mubarak a la dictadura con que éste les castigó. Pero a la hora de explicar el deficiente funcionamiento de las instituciones y la enorme cantidad de defectos y taras de nuestra concepción de lo público, también hay un factor del que muchos sociólogos, caso de Enrique Gil Calvo, creen que somos esclavos: el factor cultural.

Los indicadores son bastante claros: durante las últimas dos décadas apenas tan solo entre un 4 y un 5% de los españoles se han descrito a sí mismos como muy interesados en la política, el índice de identificación a algún partido es uno de los más bajos del mundo (60%), lo mismo que la afiliación a partidos y la participación en asociaciones -que en Catalunya sí es significativa-, y menos de un tercio de los españoles leen la prensa a diario, lo que representa la mitad que la media europea. Como resultado, no vamos a votar (tenemos nuestro record alrededor del 77% cuando Europa supera el 80 con regularidad) y lideramos la carrera mundial en desafección e insatisfacción.

¿Cómo entonces, sin interés, sin información, sin participación electoral y sin asociacionismo podemos sorprendernos de la mala percepción que políticos e instituciones tienen en España? Sin interés ni nexos de unión fuertes entre sociedad civil y partidos, no puede haber confianza; sin confianza, no hay implicación en política; sin implicación, los políticos no van a tener incentivos para rendir cuentas de lo que hacen; y sin tener que rendir cuentas, el político apenas tiene castigo cuando malbarata, manipula, es populista, miente o roba.

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El individualismo y los privilegios de los funcionarios

El jueves pasado La Vanguardia publicaba en portada que “El Govern prepara una reforma que reducirá los privilegios de los funcionarios” refiriéndose a las medidas que CiU quiere introducir entre los trabajadores públicos para “equiparar” las condiciones de funcionarios y el resto de asalariados.

Existen muchos beneficios, todos los habremos oído, como horarios cómodos, bajas de paternidad más largas, facilidad para tomarse excedencias, los famosos días para asuntos personales y demás. Y existen funcionarios que se aprovechan de tales condiciones y de su contrato infinito sin ofrecer contrapartidas equivalentes, también lo habremos oído todos. No es este el tema. O no principalmente.

Ahora que La Vanguardia ha dejado de tener credibilidad en asuntos que atañan a la política catalana después de conocerse que el Grupo Godó que lo edita recibió dos millones de euros de la Generalitat, hay que leer con lupa cada titular. No es lo mismo, por ejemplo, decir “privilegios” que “condiciones”, por muchas comillas que pusieran. Hay una intencionalidad política detrás.

Y hay una intencionalidad política porque la función pública es un tema muy susceptible. Desde Larra, está extendida la leyenda de la falta de productividad entre quienes aprueban unas oposiciones y cunde la sensación, más aún en épocas de estrecheces, de que hay que poner freno al desmadre. Pero esa conducta que asociamos con el acomodo no es exclusiva del funcionariado. De hecho, es genuinamente latina: ante las normas, entendemos que está permitido todo aquello que no está prohibido. O peor, aunque esté prohibido, lo seguiremos haciendo hasta que nos pillen.

Por eso existen funcionarios que escriben libros o van de compras en horas de trabajo, claro, pero también mindundis que no han hecho la declaración de renta durante lustros, escuelas concertadas y empresas de prestigio que pagan en negro grandes cantidades, conductores sin carnet ni seguro y sanguijuelas que simulan más desgracia que la que tienen con tal de cobrar un pellizco más de la ley de dependencia.

Y al final, por tener una concepción muy particular del civismo, el compañerismo y lo público, reina el silencio y se tolera -cuando no contagia- el chupasangrismo. Finalmente, sin denuncias (nadie quiere ser un chivato y enemistarse con el compañero, el vecino o la empresa que te paga) ni investigaciones serias (el Estado siempre dice que saldría más caro el remedio que la enfermedad) los números no salen y se engorda la leyenda hasta que la opinión pública termina aceptando cualquier remedio rápido. Y ese remedio es hoy el “que muchas personas hagan un pequeño sacrificio”. O que paguen justos por pecadores.

La mujer hoy

No es el día de la mujer, pero sí el día internacional contra la violencia y la explotación de la mujer, que no es lo mismo. Aprovechemos, pues, para recordar cómo está hoy la mitad del mundo.

Por lo pronto, se publicó ayer una noticia que lo subraya, estamos lejos de la igualdad. A grandes rasgos, hay un sexo dominante y otro dominado. En España hay un 80% de chicos entre los 14 y los 18 años que cree que la mujer debe complacer al hombre en una relación. Y de los mismos encuestados, un 60% entiende que la realización de la mujer pasa por encontrar un novio.

Ni hablo de la violencia de género, la punta del iceberg que vemos cada día en los noticiarios, porque es la consecuencia de una cultura machista que pervive en determinados círculos.

Pero también hay tendencias generalizadas. En el ámbito laboral, las mujeres acumulan el 79% de los contratos laborales del estado y, como media, cobran entre un 20 y un 26% menos que los hombres que hacen su mismo trabajo a la misma edad. A nivel europeo, la diferencia es del 17%.

También en Europa, su tasa de riesgo de caer en la pobreza es dos puntos superior a la de los hombres, brecha que se duplica en el caso de los pensionistas, y el número de mujeres que se dedican a cuidar a adultos dependientes duplica el másculino. En casa, las mujeres ocupadas dedican 13 horas más que los hombres a las tareas del hogar cada la semana.

En los medios de comunicación sólo son protagonistas del 26% de noticias y distintas investigaciones constatan que su aspecto físico es más evaluado que el de los hombres a la hora de acceder a un puesto de trabajo.

Como nos recuerda siempre Raül en los comentarios y en su Twitter, hoy es una buena excusa para pensar qué margen tenemos cada uno, hombre o mujer, para acortar y suprimir la distancia, sea en el ámbito que sea. Para otro día (o para los comentarios) queda la otra cara de la guerra de sexos, menos medible: la tiranía de ellas.

Imagen: Forges.